Al tratarse de una modalidad que teóricamente no depende de un emplazamiento físico, podría pensarse que es susceptible de realizarse en cualquier sitio, a modo de esos anuncios que muestran a un concentrado individuo que maneja un portátil en la cubierta de su velero, lo cual, no es en absoluto imposible, pero no es lo habitual, ya que, ateniéndonos a la inmensa mayoría de los casos conocidos, podemos enumerar tres escenarios posibles:
El hogar propio: sin duda, el caso más generalizado y el más cómodo para el trabajador. En un entorno absolutamente familiar, y una vez superado el test de auto evaluación para el teletrabajo, personalmente no se me ocurre ningún sitio en el que se pueda trabajar mejor, pero insisto, una vez aprobado el test.
Los centros de recursos compartidos: Se trata de locales, normalmente de propiedad pública, que disponen del equipamiento y el espacio necesario para quien pueda necesitar teletrabajar en cualquier momento.
Las oficinas satélite: Son oficinas que monta la propia empresa en un entorno a las afueras de las grandes ciudades y que les permite reducir los costos a la vez que posibilitan que los desplazamientos de los trabajadores sean menores.